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El Centro de Estudios Científicos (CECs) es una corporación de derecho privado, sin fines de lucro, dedicada al desarrollo, fomento y difusión de la investigación científica. El CECs fue fundado en 1984 como el Centro de Estudios Científicos de Santiago, y ha sido dirigido desde entonces por el físico Claudio Bunster.

 


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Una pequeña banda de investigadores del Centro de Estudios Científicos (CECs) en Valdivia, Chile, comparte un sueño audaz, anticuado en esta era de la Gran Ciencia – la búsqueda irrestricta del conocimiento, en un pequeño instituto independiente de investigación de primera calidad. Sus miembros se han reunido durante un lapso de tiempo que abarca ya, más de un cuarto de siglo, para emprender una aventura intelectual que es riesgosa, estimulante y tremendamente productiva.

Ubicado entre los Andes y el Pacífico, en esta pequeña ciudad del sur, el CECs es uno de los pocos institutos en el mundo que trabajan en investigación de vanguardia en múltiples disciplinas, sin recibir recursos o estar afiliada a ninguna institución anfitriona. Sus investigadores son libres para desarrollar su mejor ciencia con independencia de las modas y sin restricciones burocráticas, en una atmósfera de colaboración y apoyo mutuo. El fruto de este esfuerzo se traduce en un flujo permanente de ideas innovadoras, con estudiantes altamente capacitados y resultados que son publicados en revistas especializadas. El Centro ha demostrado lo errado de los prejuicios  y escepticismo relacionados con su pequeño tamaño, al ubicar a Chile, con la capacidad de sus integrantes y audaz estrategia, en el mapa mundial de la ciencia, revolucionando de paso el modelo tradicional de estructurar la ciencia en Chile y mostrando – con su ejemplo – cómo “lograr más con menos”.

La estrategia del CECs es sustentar un entorno científicamente rico donde la ciencia y los científicos son lo primordial – atrayendo a las mejores personas, apoyándolos adecuadamente y ofreciéndoles libertad para perseguir sus sueños.

Son los propios investigadores del Centro quienes mejor expresan el éxito de esta estrategia, cuando hablan en tono de curiosidad, maravilla y ocasionalmente orgullo al describir su emocionante viaje por aguas inexploradas.

“Todos podríamos estar en otra parte, pero decidimos estar aquí”

Aquellos que visitan el CECs descubren rápidamente que aquí el credo es la LIBERTAD en todos los niveles de la vida profesional y personal: libertad dentro de una estructura igualitaria y no competitiva que nutre el trabajo en equipo; libertad en la ubicación en el remoto sur, geográficamente distante de la ciencia tradicional; y libertad para elegir oportunidades desafiantes, de alto riesgo pero también enormemente gratificantes, logrando así atraer a investigadores de nivel mundial y a sus alumnos desde posiciones seguras en otros lugares.

Valdivia nació producto de la exasperación con la burocracia restrictiva, los escasos presupuestos y laboratorios anticuados de las instituciones tradicionales – y por un deseo de gozar de verdadera libertad intelectual.

A principios de la década de los ochenta, un grupo de importantes investigadores chilenos que ocupaban cargos respetables en distinguidas universidades extranjeras, principalmente en Estados Unidos, comenzaron a regresar a su país de origen. Claudio Bunster (entonces Teitelboim), físico teórico de Princeton, expresó una nueva visión en su propuesta de cinco páginas dirigida a la Fundación Tinker de Nueva York. Este documento titulado “Establecimiento de un Centro Independiente para la Investigación Científica en Santiago, Chile”, se mantiene con orgullo en el centro como su “manifiesto” fundacional. Su aprobación el 18 de junio de 1984, le dio vida al CECs, permitiendo que un pequeño grupo de distinguidos científicos que se unieron a Bunster en una casa arrendada en los suburbios.

Con el paso del tiempo quedó en claro que mientras el Centro permaneciese en la capital, sin laboratorios adecuados o verdadera independencia, sólo se habría cumplido la mitad de la tarea. En el año 2000, él y sus colegas estuvieron listos para poner en práctica sus ideas novedosas. Trasladaron el CECs 500 millas al sur, a la ciudad de Valdivia, donde renovaron el Hotel Schuster - que había sido construido en 1912 – para fundirse armónicamente con la bella arquitectura centenaria de la ciudad.
En esa época, el Centro sólo contaba con suficiente financiamiento para operar durante tres meses. Pero gracias a la designación de la Iniciativa Científica del Milenio, con financiamiento proveniente del Banco Mundial y del Estado, y posteriormente con una beca proporcionada por la Fundación Andes,  el CECs superó sus barreras financieras iniciales. En el año 2004 remodeló un segundo edificio adyacente, estableciendo ahí los modernos laboratorios de biología y glaciología. En el año 2005, agregó la primera unidad certificada de ratones transgénicos del continente, aumentando  a la vez sus capacidades de investigación y reputación. Para el año 2006, el grupo original de 20 científicos había aumentado a 80, incluyendo investigadores jóvenes, pos-doctorados y estudiantes graduados. Alrededor de la tercera parte de ellos son extranjeros. Con el propósito de mantener su flexibilidad, el Centro pretende limitar su crecimiento adicional a un 20 por ciento.

"La pasión del científico impulsa la ciencia. No es un programa lo que impulsa la ciencia"

Estos pioneros han considerado todos los detalles de su nuevo emprendimiento como una asociación. El primer y más importante credo fue que la ciencia - y no el programa - es lo principal. A los investigadores se los estimula a investigar las cuestiones más importantes, independientemente de la dirección en que apunten, hacia "el corazón mismo de la ciencia".

El segundo principio fue que la estructura rectora del CECs, aparte de la oficina del Director Claudio Bunster, fuese horizontal - sin jerarquías o títulos. Todos los investigadores se llamarían investigadores y tendrían derecho a opinar sobre las decisiones. A pesar de que dicha igualdad es un desafío a la tradición científica, ha traído como resultado entusiasmo, trabajo en equipo y apoyo mutuo. Por ejemplo, la decisión de agregar un nuevo programa de Glaciología y Cambio Climático fue apoyada fervientemente, a pesar de que requeriría una parte sustancial del financiamiento del CECs. Cuando uno de los principales biólogos del Centro decidió cambiarse de biofísica a neuro-ciencias, cambio profesional importante, recibió un apoyo entusiasta. "Cuando nos juntamos, se reconocen y aprueban rápidamente las buenas ideas, y se reconocen y rechazan las malas ideas con la misma rapidez", señaló un investigador. "Dedicamos muy poco tiempo a reuniones".

Ambas decisiones ya han dado sus frutos, con la publicación de trabajos escritos en Neuroscience y el rápido establecimiento del programa de glaciología como una fuerza internacional.

"Más que colegas, somos camaradas"

La colaboración es más que una abstracción en el CECs, donde prácticamente todos los investigadores se consideran colegas y establecen conexiones entre diferentes disciplinas. Cuando el nuevo programa de glaciología requirió financiamiento para su primera expedición, un investigador de un área completamente diferente recordó sus sentimientos: "Todos estuvimos dispuestos a meternos la mano en el bolsillo y compartir nuestro financiamiento. Somos más que colegas, somos camaradas. Es por ello que yo estoy aquí. Es un lugar que me ha permitido realizar mis sueños".

Igualmente significativo es el permanente intercambio de ideas. En la mayor parte de la comunidad científica, especialmente en las ciencias de la vida, prevalece el secreto del trabajo hasta el momento de su publicación. Sin embargo, en el CECs la regla es la transparencia, las ideas se comparten constantemente sin temores y se acoge con beneplácito la participación de científicos externos en las discusiones antes de la publicación.

"No tengo titularidad, ni contrato, y hago la mejor ciencia de mi vida"

Los investigadores del CECs gozan de poca seguridad, pero a pesar de esta incertidumbre su rendimiento permanentemente sobrepasa el pequeño tamaño del centro. Sin deberes de índole administrativa, en salas de clases o comités, han podido dedicarse exclusivamente a su ciencia y producir resultados sobresalientes. De un cuerpo de más o menos 15 investigadores líderes, ocho han recibido la Guggenheim Memorial Foundation Fellowship, y tres han sido Howard Hughes International Fellows. Tres han sido galardonados con el Premio Nacional de Ciencias de Chile y dos han sido promovidos al exclusivo rango de Foreign Associate of the US National Academy of Sciences. Frank Wilzcek, Premio Nobel en Física, destaca su afiliación al CECs como "profesor adjunto".

"Hemos sido capaces de demostrar que es posible lograr algo nuevo”

Al principio, parece improbable que está pequeña banda de investigadores y sus alumnos, provenientes de Chile, Argentina, Colombia, México, Italia y el Reino Unido, ubicados en una pequeña ciudad en el extremo sur de un país subdesarrollado pueda ser tan productiva. Sin embargo, los mismos participantes no parecen sorprendidos. "Pensamos que si nos arriesgábamos y actuábamos con audacia esto podía funcionar. Y así fue”, señala el Director Bunster. "No es un modelo; nosotros lo llamamos un prototipo. Es maravilloso demostrar – a través del ejemplo -, especialmente en un país pequeño, que en cualquier momento algo dramáticamente diferente es posible. Como legado, esto quizás sea incluso más importante que la ciencia propiamente tal".