Home Física Biología Glaciología
TEMAS | BIOLOGÍA A Propósito de las Extinciones
Bases moleculares de las arritmias del corazón
La Cenicienta de las Neurociencias
Transgénesis
La propagación del impulso nervioso
Du Bois-Reymond
Ramón y Cajal
La Historia del ADN.
A Propósito de las Extinciones

“Lo vivo encuentra su camino” murmura filosóficamente Ian Malcolm (Jeff Goldblum) mientras es acechado por un Tiranosaurio rex en el Parque Jurásico. La vida es un fenómeno complejo y como tal no puede ser controlado, dice, lo que se ve confirmado cuando el soberbio Parque y su avanzada tecnología sucumben a la conjunción desafortunada de una lluvia fuerte y un empleado insatisfecho. Pero estos hechos desencadenantes son solo anecdóticos, hubiera dicho Malcolm, pues el colapso del Parque estaba prefigurado en su diseño, un diseño que no tomaba en cuenta lo impredecible de los sistemas complejos críticos. Cuando la avalancha es inminente, puede ser desencadenada por un esquiador, por un ruido o por un pajarito que se posa sobre la nieve.

Lo impredecible de lo viviente ha sido sustrato de otras historias apocalípticas. Un psicópata libera un virus letal que en pocas semanas extermina a casi toda la humanidad, exceptuando a Bruce Willis, o nos convierte en zombis devoradores de hombres que persiguen a Will Smith. Y la realidad no se queda corta. Los virus no tendrán colmillos de 30 centímetros, pero pueden ser extremadamente efectivos. El virus del SIDA ha matado a 25 millones de personas, pero es un aprendiz comparado con el de la viruela, que al exterminar el 70% de la población nativa de América contribuyó una parte no menor al esfuerzo colonizador de los europeos durante el siglo XVI. A cambio los conquistadores se habrían llevado de vuelta el treponema de la sífilis, una bacteria molesta pero menos letal. Otra bacteria, la yersinia pestis, acabó con el 50% de la población de Europa en el siglo XIV. Más recientemente, en 1918, el virus de la Gripe Española causó la muerte a 50 millones de personas, un 5% de la población mundial.

Tanto desastre, real o cinematográfico plantea la pregunta ¿Podría desaparecer nuestra especie? En vista del registro fósil, la respuesta es claramente afirmativa. Extinciones masivas han habido varias, la más conocida hace 65 millones de años cuando un meteorito de 10 km impactó en los que hoy es México, llevándose al T. rex junto a los demás dinosaurios. Más recientemente, sin mediar meteorito alguno, sino talvez un pequeño empujón de nuestra parte, se fueron el hombre neandertal, el mamut, el milodón y el tigre dientes de sable. De hecho el 99% de las especies que alguna vez poblaron esta tierra ya no están con nosotros. Las especies vienen y se van, esa es la regla. Parecería injusto que nos hubiera llegado nuestra hora cuando el promedio de duración de una especie es de diez millones de años y nosotros no llevamos ni uno, pero la palabra justicia no figura en los textos de biología.

Entonces la pregunta interesante no es si desaparecerá nuestra especie, sino cuando. Y también interesa saber cómo. Estas preguntas pertenecen a la misma categoría de ¿Cuándo será la próxima crisis bursátil?, ¿Hasta cuando subirá la temperatura global? y ¿Por qué debía colapsar el Parque Jurásico?, todas los cuales se refieren al comportamiento de sistemas complejos o más rigurosamente a sistemas termodinámicos fuera del equilibrio. Como lo ha demostrado el ignominioso fracaso de la futurología, nadie tiene la menor idea de cómo contestar este tipo de preguntas, pero hay dos opiniones recientes que ayudan a orientarse. Stuart Kauffman, un biólogo teórico y autor superventas, piensa que los sistemas complejos como los ecosistemas y las civilizaciones crean nuevas leyes en la medida que evolucionan, lo que hace imposible la predicción. Solo cabe entonces postrarse ante lo inescrutable de la naturaleza y entretenerse observando. Ian Malcolm, nuestro matemático personaje de Parque Jurásico hubiera estado de acuerdo con Kauffman. Otros autores más optimistas como Eric Schneider y Dorion Sagan, hijo del recordado autor de Cosmos, señalan que hay isomorfismos o comportamientos similares en los sistemas complejos como los tornados, los huracanes, los seres vivos, la economía y la biosfera, lo que hace suponer la existencia de leyes predictivas. Así como con las leyes de Newton permitieron enviar un hombre a la luna y traerlo de vuelta, quizás las leyes de los sistemas complejos, aún por ser descubiertas, nos permitirán ayudar a que hace una especie como la nuestra se mantenga estable, y detectar el peligro de avalancha antes de que se pose el pajarito.

Felipe Barros


2021 Centro de Estudios Científicos | Arturo Prat 514, Valdivia, Chile | Tel (56) 63-2-234500 | info@cecs.cl